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  • Eugenia Sacerdote de Lustig: unión de inteligencia y humildad

    ago 15

    Esta médica ítalo-argentina, hija de una familia judía, ejemplo de humildad, fue prima de Rita Levi Montancini, otra gran mujer que dedicó su vida a la investigación. Estudiaron medicina en una época donde la mujer estaba relegada a otro rol y por lo tanto la carrera se le hizo dificultosa. Un hecho curioso que muestra la sencillez de esta gran mujer, es que siendo una renombrada profesional, la línea 80 de colectivos le otorgó un pase gratis por haber sido ese el medio que usó durante toda su vida para dirigirse a su trabajo.

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    Nació en Italia en el año 1901 y en el año 1929 decidió comenzar su carrera de medicina. En el año 1939 con la llegada del fascismo al poder la decidió a emigrar con su esposo e hija a la Argentina En este país comenzó a utilizar en la cátedra de Histología de la Universidad de Buenos Aires el cultivo de células vivas in vitro. Esta técnica permite desarrollar el estudio de los distintos virus y de tumores. Por su labor encomiable cuando se produjo en el país la epidemia de poliomelitis fue enviada por la Organización Mundial de la Salud a los Estados Unidos para interiorizarse sobre el trabajo del profesor Jonas Salk. Al retornar a la Argentina, se inoculó en público e hizo lo mismo con sus hijos para convencer a la población de los beneficios de la vacuna contra la poliomielitis. También desarrolló investigaciones sobre el estrés oxidativo en pacientes vivos de Alzheimer, demencia vascular y Parkinson, ampliando los conocimientos básicos de las enfermedades neurológicas. Tenía más de 80 años y seguía con su tarea, estudió por más de 40 años las células tumorales en el Instituto de Oncología Ángel H. Roffo. Fue jefa de virología en el Instituto Malbrán e investigadora en el CONICET. Recibió alrededor de 15 premios a lo largo de su labor. Falleció en Buenos Aires a los 101 años, el día 27 de noviembre del año 2011.

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    El periodista Alfredo Leuco hizo referencia a la vida de Eugenia Sacerdote de Lustig, en un artículo que tituló “La sacerdotisa de 100 años” y que escribió a raíz de la distinción de la empresa de colectivos, dice en uno de los párrafos: “Nos enteramos que esta señora que podría ser la abuela de cualquiera de nosotros, con el cabello totalmente blanco y que andaba lento como perdonando al viento tiene en su guardapolvo de investigadora a su orgullo mas grande. Fue declarada ciudadana ilustre de Buenos Aires e inmigrante ilustre del Piamonte, la patria chica de Italia donde dejó parte de su familia. La doctora desciende de los barcos como tantos argentinos. Tenía 25 años y una hija sus brazos que cumplió un año en plena travesía en el medio del océano. Llegó al puerto con sus valijas de cartón y con la esperanza de construir una nueva vida en un país libre y democrático, lejos del fascismo de Mussolini que manchaba su tierra querida. Mientras aprendía a cantar y a bailar el tango, se dedicó a combatir otros males tan terribles como el totalitarismo del Duce: enfrentó la peor epidemia de polio que tuvo la Argentina. Y como si esto fuera poco le declaró la guerra científica al Mal de Alzheimer y el cáncer. Ese maldito cáncer, tal vez como revancha le fue erosionando la vista. Sus ojos comenzaron a nublarse hasta la ceguera absoluta. Por eso dejó de viajar en colectivo y ella, tan corajuda, empezó a tenerle miedo a los escalones que es lo imprevisto que sube o que baja. Pero una remisería vecina la empezó a llevar de aquí para allá, porque ella es un tesoro de todos que todos tenemos que cuidar. La doctora Eugenia recibió el premio Hipócrates que es la más alta distinción que un médico puede recibir en nuestro país y eso no la transformó en mármol ni en bronce. Se mantuvo de carne y hueso y ni siquiera se volvió formal o aburrida. Era la más chistosa del trabajo. La encargada de celebrar los cumpleaños de sus compañeros, de homenajear la vida compartiendo al mediodía una porción de tarta y una mandarina de postre”.

    La doctora Eugenia Sacerdote de Lustig, a la derecha, el doctor Enrique Belocopitow y la doctora Rita Levi Montalcini, neurológa Premio Nobel de Medicina, prima y amiga de la doctora Sacerdote de Lustig.

    En esta foto se ve a la doctora Eugenia Sacerdote de Lustig a la derecha junto al doctor Enrique Belocopitow y-¡la-doctora Rita Levi Montalcini, neurológa, Premio Nobel de Medicina, prima y amiga.